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Todos Sabemos de Sobra por María Antonia Massanet

El pasado 24 de mayo en el Consulado de México en Barcelona, las escritoras María Antonia Massanet y Nuria Clavé, en colaboración con diversos artistas, presentaron “Todos Sabemos de Sobra”, mi primer poemario publicado en edición bilingüe bajo el sello de la Editorial Círculo Rojo. Comparto aquí, el texto íntegro de María Antonia, agradeciéndole de nueva cuenta no sólo el tiempo y dedicación, sino también las alentadoras palabras.




   Foto: Consulado de México en Barcelona. De izquierda a derecha: Nuria Clavé, Christian Obregón y María Antonia Massanet.

***

Por María Antònia Massanet *

Todos sabemos de sobra o demasiado, ¿o lo sabemos todo? ¿Lo sabemos todos? El título de Christian Obregón se eleva como una hipérbole que nos arroja a su antítesis: en realidad tal vez no sepamos nada, como rezaba la máxima socrática, que tampoco era tal: el filósofo griego sí sabía ciertas cosas pero era demasiado consciente de todo lo que le faltaba por aprender. Esa es la matriz del aprendizaje, a eso aspira el autor: a explorar los recovecos de la escritura para aprender a través de esa extraña singladura que es la lírica.

En estos tiempos en los que hay una cierta opinión que aboga por la equidistancia y la ambigüedad –me refiero a la política pero también a la lírica, con ciertas obras de poetas que diluyen el yo y apuestan por una poesía más esencializada y reflexiva– Obregón nos ancla a un sujeto comprometido, donde no hay lugar para los términos medios, profundamente pasional y encarnado, en una exploración de los cuerpos que importan, parafraseando a la teórica del género Judith Butler.

La autora que más dio a conocer la performatividad del género nos enseñó que este es una actuación reiterada y obligatoria en función de unas normas sociales que excede al sujeto. Es una práctica social, una repetición continuada y constante en la que se negocia la normativa de género. Esa performance –de la que Obregón también sabe por su experiencia en el Prostíbulo Poético de Barcelona, un grupo poético centrado en la rapsodia y la performance–, se observa también en el poemario con ese continuo llevar el yo poético y la carnalidad al límite. El yo se expande, se multiplica, se contradice y vuelve a empezar. Es proteico y en eso también podemos encontrar reminiscencias en la teoría queer, que aboga por la huida de las etiquetas clasificatorias de sexo y género.

De este modo, el sujeto lírico de Todos sabemos de sobra se enmarca en la periferia, construye su espacio en lo fronterizo y hace de ese limbo su hogar. Es un yo que se aferra encarnizadamente a la contradicción, múltiple como el sujeto lacaniano, donde el yo se construye a través de la imagen del otro y cambia con la mirada que ofrece la alteridad. En este sentido, la función del tu poético en la obra de Obregón deviene fundamental para entender ese yo fluctuante e inasible que se nos presenta como bajo las formas de los mùltiples prismas de un caleidoscopio y provoca que en ocasiones los poemas aparezcan un tanto desligados e incluso contradictorios entre sí.





"Todos Sabemos de Sobra" de Christian Obregón, a la venta en la tienda online de Editorial Círculo Rojo.

De un yo poético que se disfraza a la carnalidad desaforada

El lenguaje que encontramos en la obra es audaz y los sustantivos son usados como armas arrojadizas, atrevidos y valientes. La “ira se convierte en poesía”,  el “sinsentido en ironía”, y así un largo etcétera con el que el yo poético se viste, o se disfraza, retomando el hilo de la performatividad de género.

El deseo representa también una fuerza poderosa en el poemario. Esa pasión enérgica que pone en todo lo que hace el autor se transforma en torrente en Todos sabemos de sobra. Lo vemos cuando el yo poético explica que se enamora de todos e incluso del “ansia de ser amado”. La pulsión del deseo se hace latente y recorre prácticamente todos los versos de la obra.

Son abundantes y fértiles los diálogos con otros autores, se aprecia como Obregón concibe la escritura como un ejercicio en red, tanto por lo que se refiere a lecturas como a la retroalimentación con otras poetas compañeras de proyectos, como el ya mentado Prostíbulo. Cabe destacar el homenaje a Gloria Fuertes, que dialoga con el poema de la de Lavapiés que asevera: “Nací para poeta o para muerto”, donde Obregón consigue recrear el espíritu glorista; así como el dedicado a Neruda, con quien parte de ese conocidísimo “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” para acabar “cambiando los finales de todos mis cuentos” y “así alcanzar lo que no puede”, ese imposible demasiado lejano, deseo y pulsión, de nuevo. Y también cabe reseñar el poema en que convoca a Alejandra Pizarnik para desarrollar el concepto de rebelión y del descreimiento.

Volviendo a la corporalidad, la carnalidad más desaforada tiene también un papel importante en el libro. El que ama y siente es un cuerpo deseante, dominado por la pasión o que utiliza ésta para alcanzar sus objetivos, que no están siempre puestos en la alteridad: “Estábamos acostumbrados/ a manosear/ nuestro propio/ cuerpo”. Esa pasión desaforada pasa incluso por el dolor, por el deseo de destrucción, que arrastra hasta el límite de lo soportable, incluso con la connivencia de ese Cristo que “se manifiesta sobre todo/ cuando cita las cosas/ que le excitan”. O incluso que se autorrechaza al no “comulgar con su cuerpo”, que “se cansa”, al que “se le va la vida por la boca”.

Una lucha incesante entre Eros y Tánatos

El yo poético es un yo, como ya hemos comentado, que se pone en entredicho, que se juzga y cuestiona, que se encuentra en “terrible peligro/ frente a sí mismo”. También por el deseo que siente por el otro y que lo vuelve a situar al límite, en una lucha incesante entre Eros y Tánatos.


Para Freud hay dos pulsiones fundamentales, la del amor y el sexo, que encarna la vida y la destrucción y muerte y asocia cada una de ellas a un dios griego. Mientras Eros representa los instintos más primitivos por satisfacer los deseos libidinosos, los de hambre y los de sed, es decir, las pulsiones de vida; Tánatos engloba los deseos por satisfacer los impulsos de destrucción y agresividad, las pulsiones de muerte. Si bien la naturaleza de Eros provoca el incendio en el ardor del amor y la necesidad de calmarlos en el sexo, Tánatos, dios de la muerte, detrás del todopoderoso Hades, representa a las pulsiones de muerte.


Esas luchas entre pulsiones fundamentales las hallamos también en Todos sabemos de sobra, con abundantes referencias a Eros donde incluso se usa la palabra esgrimida como arma del deseo: “quisiera tener la lengua/ tres veces más larga/ para, meterte en las tripas/ la flor de mi garganta”; o apuntando a una lubricidad de múltiples usos: “cien veces eréctil/ tres veces más prensil”. E incluso el yo poético se llega a concentrar y resumir en su propio sexo: “estoy hecho de envidia del/ falo, de ansias/ de rabo”.

Y en su reverso, Tánatos nos invoca a su vez: “quiero que la muerte/ me lleve a chingadazos”, nos dice el autor, trasladándonos una desaparición violenta, provocada por golpes, pero también por una cópula letal, imagen que se viene a reforzar cuando el yo poético nos arroja ese: “me dejaría ofrecer/ en sacrificio”. Y como reverso de la muerte, hallamos la locura: “en las compuertas de la locura/ se escucha a la muerte” y pese a todo, la redención.

El poemario de Christian Obregón nos redime, al fin, en ese “yo te salvo/ yo me salvo/ nos salvamos”, final. Celebremos, pues, la poesía de Christian Obregón, ese sujeto comprometido, esa pulsión desaforada y esa energía desbordante, que sea duradera y literariamente fructífera.

*María Antònia Massanet es poeta y divulgadora mallorquina afincada en Barcelona. Es autora de, entre otros, el poemario Disecciones Emocionales, ganador del Premio Arte Joven de poesía en catalán en el año 2006.

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